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París para 2: enamórate en cada esquina

En el espacio de este artículo es imposible resumir la grandeza y la belleza de París, una capital consagrada para los enamorados. Hay ciudades así, que parecen pensadas para parejas, llenas de rincones y lugares mágicos que cobran otra dimensión junto a la persona adecuada. Praga es un ejemplo que viene rápido a la cabeza, pero París para 2 es demasiado.

 

Por eso hoy nos vamos a limitar a apuntarte algunos lugares románticos donde disfrutar de un viaje realmente emocional. No estarán todos los que son. Pero todos los que están, lo son.

 

Montmartre

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Este famoso barrio es seguramente el lugar ideal para cualquier pareja. Callejones encantadores con el alegre y romántico espíritu de la bohemia parisina, artistas por doquier que podrán haceros un retrato, rincones deliciosos a cualquier hora del día, y luego un par de puntos con protagonismo propio.

 

El primero, la Basílica del Sacré Coeur. Durante el día, la afluencia de turistas le restará encanto a la experiencia y puedes visitarla de forma más cerebral. Pero sube andando sin prisas al atardecer, y verás que su imponente presencia, y las vistas de París que tendrás desde allí, crearán para ti uno de esos momentos que recordaréis siempre.

 

El segundo es un pequeño rincón de Montmartre llamado El Muro de los Te quiero, o Muro Je T’aime. Creado por el diseñador Fréderic Baron, consiste en un muro decorado con centenares de azulejos esmaltados en el que se leen en diferentes caligrafías manuscritas, y en más de trescientos idiomas, las palabras “Te quiero”. Más de mil veces. Si tienes pensado declararte en este viaje a París, éste es el sitio.

 

Jardines para todos los gustos

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París es una ciudad que sabe de parques y jardines. En ella encontraréis algunos especialmente impactantes, en los que un picnic puede convertirse en una sencilla y romántica actividad que teñirá de (más) magia el viaje a París.

 

Los Jardines de Luxemburgo, en el también encantador Barrio Latino, es un paréntesis dentro del caos urbano. Sobre todo si vais entre semana, y a ser posible a deshoras (o durante los meses de invierno).

 

Las Tullerías son un clásico de París, y su zona central luce menos por el tráfico y la masificación. Pero las zonas laterales son de una belleza fuera de lo común, y encontraréis rincones que os atraparán.

 

Aunque para rincones, quizá los Jardines de Buttes Chaumont, en Belleville, sean la mejor opción. Se trata de unos jardines enormes que se construyeron para la Exposición Universal de 1867, y son pintorescamente románticos con su lago central. Y con muchos rincones mágicos donde sentiros solos los dos.

 

Torre Eiffel

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Ir a París y no ver la Torre Eiffel es como… es tan inconcebible que ni se me ocurre un ejemplo para comparar. ¿Cómo gastarse 1000€ en una entrada de fútbol para la final del siglo y pasarse todo el partido en el puesto de perritos calientes? Es absurdo, un contrasentido, porque la Torre Eiffel es el símbolo. Un icono único que pervive por mucho más que su altura, superada ya por cientos de edificios en todo el mundo.

 

Descubrirla en el primer viaje a París (sí, París necesita dos o más visitas) pone los pelos de punta, y es el sello de vuestra visita para 2. Una foto eterna bajo uno de sus arcos, un beso con ella como marco, o un recuerdo desde sus alturas, es una experiencia-hito para cualquier pareja.

A todos nos gusta huir de lo típico y ser diferentes. Pero a veces, lo típico es típico por buenos e incontestables motivos. Y ese es el caso de la Torre Eiffel.

 

El Sena

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Un paseo en barco por el río es siempre relajado y agradable. Hacerlo en un entorno bonito lo convierte en una experiencia romántica. Que sea en el Sena lo convierte en un must. Descubrir París en un paseo fluvial significa entrar en una burbuja de momentos de los que no se olvidan, y admirar el París nocturno en una cena para 2 a bordo será uno de los mejores momentos del viaje.

 

Père-Lachaise

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Acabamos con un lugar que a priori nunca considerarías romántico: un cementerio. La diferencia es que está en París, y se llama Père-Lachaise.

 

Cuando se abrió a principios del siglo XIX, los parisinos no querían ser enterrados allí, porque quedaba a las afueras de la ciudad. La solución de las autoridades parisinas fue trasladar a aquel cementerio a varios muertos ilustres, como Moliére o La Fontaine. Aquel movimiento hizo que de repente a todos les apeteciera pasar allá el final de su vida, con el resultado de un montón de celebridades y grandes personajes históricos enterrados en exageradamente bellos monumentos.

 

Y hay verdaderas historias de amor allí encerradas. En el Père-Lachaise descansan Abelardo y Eloísa, María Callas, Chopin, Edith Piaf, Oscar Wilde…

 

Tan inspirador es un paseo por sus calles, que los parisinos lo utilizan más como un parque que como un cementerio. Y, sin preverlo, podría convertirse en el rincón más romántico de la ciudad para vosotros. ¿Quién sabe?

 

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